“Quédate a mi lado” Extras.

Posted on May 3, 2012 in Uncategorized

Primeras frases:

Dicen que la primera impresión es la que cuenta…

La primera vez que Nuria vio a Jared fue una tarde lluviosa de febrero. Estaba colocando madejas de lana, hilos de perlé y telas de lino y panamá en sus correspondientes estantes mientras su abuela se afanaba en limpiar el inexistente polvo de cada cuadro de punto de cruz o ganchillo que adornaba las paredes.

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¿Por qué Jared? ¿Por qué un sin techo?
A finales del año 2010 yo estaba en plena campaña de “acoso y derribo” a las editoriales… sip, como lo leéis: “Acoso-y-derribo”. ¿Y esto que significa? Pues que me dediqué a “menear” por diversas editoriales el manuscrito de la última novela que había escrito “Cuando la Memoria Olvida”… y entre los pocos mails de contestación que recibí, hubo uno que infló mi ego, y mi mal genio.

En ese mail se me indicaba que la novela (Cuando la memoria olvida) estaba muy bien escrita y no carecía de interés (esto, por supuesto, infló mi ego), pero, mi manuscrito era muy realista y ellos buscaban crear un mundo de fantasía, con príncipes azules etc…

Y esto, me hizo recapacitar.

Estaba claro que en casi todas las novelas románticas que leemos el prota masculino es poco menos que un aguerrido príncipe azul; puede ser un conde, un duque, un seal o un policía… pero todos tienen pasta a raudales, todos tienen un buen trabajo o una buena posición social (o ambas), todos rescatan a la pobre muchacha desamparada… Y a mí me parece estupendo, ojo, yo también quiero ser rescatada por un macho men guapísimo (rubio, por favor) y que además sea A/ multimillonario B/ducho en la lucha cuerpo a cuerpo (tanto en la cama conmigo, como en la calle con el malo maloso) C/ Conde, duque, Seal… (Vamos, una profesión que haga morirse de envidia a mis amigas XD).

Y sip, mis protas hasta la fecha ni eran ricos ni tenían una profesión alucinante ni sabían repartir hostias a diestro y siniestro contra una panda de malvados que quisieran secuestrar a la prota femenina (claro, que tal y como son mis protas femeninas, probablemente ellas atizarían a los malos con una sartén y les dejarían para el arrastre).

La cuestión es que recapacité, y mucho, sobre mis protas masculinos… Pero mientras estaba recapacitando, recibí un mail de El Maquinista, diciendo que me publicaban Cuando la Memoria Olvida, y bueno, me olvidé de príncipes azules, verdes o morados. Al menos por un tiempo.

Acabó el 2010 y a finales de febrero de 2011 terminé de escribir la novela que me traía entre manos desde mediados de 2010 “Ardiente Verano”. Pensé en retomar la historia de Darío y Ariel: “¿Suave como la seda?”, pero… el tema de los príncipes azules no dejaba de darme vueltas por la cabeza.

¿Por qué los príncipes azules tienen que ser ricos, guapos y con una profesión interesante que les reporte pingües beneficios? Conquistar a una chica con todas esas cualidades me parece muy fácil, ¿no?

No tienen que comerse el coco por llegar a fin de mes, ni pensar en ahorrar unos eurillos para comprarlas un bonito anillo ni buscarse la vida para que les den el día libre en el curro para poder llevarlas de viaje a la Conchinchina (o sea, a una playa/montaña de España, que el extranjero está muyyy caro)…

No sé, me parece mucho más príncipe azul un tipo que no lo tenga todo a favor…

Pues con todas estas cosas en la mente, y muchas otras más, aconteció que llegó un domingo, pero ojo, no un domingo cualquiera, sino el domingo del mes que me voy al rastro con mis amigas.

Ese frío domingo de enero de 2011, me bajé en la estación de Embajadores y, como cada domingo de Rastro, lo primero que vi nada más salir de la Renfe fue la casa de baños de Embajadores… y ese día, sin saber bien porqué, en vez de torcer a la derecha y subir la calle, me acerqué a ver si estaba abierta la casa de baños… puede que fuera curiosidad, el destino o yo que sé. La cuestión es que allí estaba yo, entrando en un lugar que jamás había pisado, y totalmente asombrada, rodeada de indigentes, de sin techo… personas que no tenían nada y habían acudido allí en pleno mes de enero a darse una ducha para mantenerse limpios y… dignos.

No sé si os he contado que yo me he criado en un barrio pequeño donde todo el mundo se conoce. De hecho, a la hora de comprar mi casa, lo hice en un barrio muy parecido al de mi infancia.

Cuando era niña, había en ese barrio una señora que tenía una mercería, y era un alma de la caridad. Creía en el mundo, tenía fe en la gente, movilizaba a vecinos, comerciantes y viandantes para intentar conseguir un barrio mejor…

No sé porqué, pero al entrar en los baños públicos de Embajadores me vino a la mente esta mujer… los príncipes azules que verdaderamente valen la pena… la lucha de miles de hombres invisibles por dar un paso adelante… los sin techo a los que he tenido el placer de conocer y tratar a lo largo de mi vida y, no pude detener mis pasos.

Hablé con la gente que se encontraba esperando la cola en la casa de baños y salí de allí sorprendida, estremecida. Fui al rastro con mis amigas, pero mi cabeza no dejó de dar vueltas a todos ellos… en la semanas siguientes investigué, busqué, conocí, recordé. Y de ahí salió Jared, el protagonista de “Quédate a mi lado”.

Jared no tiene casa ni dinero ni titulo nobiliario. No sabe disparar pistolas ni es un maestro de las artes marciales. No tiene un trabajo estupendo y maravilloso ni persigue delincuentes malvados. Pero, una cosa os digo, Jared SÍ es un príncipe azul, porque tiene todas las características que estos deberían poseer: es inteligente, es valiente, tiene honor y dignidad, y es capaz del mayor sacrificio por obtener aquello que desea.

Entre Jared y cualquier otro príncipe azul, yo, me quedo con Jared… espero que vosotr@s también.

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